Hay una ley natural que se llama el efecto bumerán. Algo que se lanza al aire hace un gran círculo y vuelve al mismo lugar de donde partió. Los indígenas australianos inventaron esta arma, y son expertos en su uso.
En el orden moral de las cosas opera la misma ley. Una calumnia que se lanza al aire da una gran vuelta entre la gente y a la larga vuelve a la persona que la lanzó. Esto ocurre con cada maldad humana: da una gran vuelta en el tiempo y en la humanidad, hace su daño inevitable, y al final regresa con fuerza arrolladora en contra del que la perpetró.
Dios ha puesto sobre cada pecado humano el mismo sello: «Efecto Bumeran.» Y el receptor(a) de cada mentira, de cada calumnia, de cada difamación, de cada deshonra, de cada robo, de cada adulterio y de cada homicidio recibe de vuelta con creces gigantescas el mismo agravio que impartió.
Dios podría hasta alejarse totalmente de este universo sideral, y con embargo el hombre, sin esa presencia divina, seguiría sufriendo las consecuencias de su pecado. Esto se debe a que el pecado en sí se convierte en su propio castigo.
« No se extravíen: —dice Pablo—: de Dios uno no se puede mofar. Porque cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará » (Gálatas 6:7)










3 comentarios:
Es cierto , el efecto bumeram existe, con la única diferencia es que ha mí siempre me ha vuelto amor y cariño, porque es eso lo que siempre dí, le agradezco a mi padre Jehová el haberlo conocido y de esa manera , yo he conocido a personas que , eso es lo qué dán.
Muchos besos, chauuu.
Esta sí que ha sido una profunda reflexión Jorge... me dejaste pensando seriamente en la necesidad de evitar el pecar en la medida de lo posible para librarnos de ese indeseable efecto bumerang.
Gracias por el aporte
Hola Jorge!!! que bella reflexión. Si tan sólo todos los humanos pensaramos en que cada cosa mala que decimos es un bumerang, creo que mediriamos cada palabra... Que sigas muy bien.
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